Mostrando entradas con la etiqueta pueblo malditos niños juventud tuenti facebook. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pueblo malditos niños juventud tuenti facebook. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de marzo de 2010

El Pueblo de los Malditos

¿A alguien le suena una película de los 60 en la que los niños de un pueblo empezaban a comportarse de forma maléfica, perfectamente organizados? La película se llama El Pueblo de los Malditos, y quizá la recordéis por la genial parodia que de ella hicieron en Los Simpson, allá por su 10 ª temporada, bastante antes de que sus capítulos empezaran a provocar náusea, diarrea, vómitos y pérdida de apetito, -en ese orden-, y cuando todavía eran un prodigio de la animación satírica y mordaz.


Aunque este clásico del género de terror se rodó con la intención de producir escalofríos y perturbar los sueños de una generación ingenua y confiada de adultos que nunca habían sospechado semejante nivel de maldad en los críos, su espeluznante argumento ha ido cobrando credibilidad con el paso del tiempo, hasta el punto de poder considerarse una premonición de lo que habría de acontecer unas cuantas décadas después.

Me explico. España, año 2010. A estas alturas creo que todos hemos podido comprobar que las cosas andan muy jodidas en las cándidas y puras mentes de las jóvenes generaciones de nuestro tiempo. No hay más que estar atento al torrente de noticias que nos llega a diario por los medios, o ser un poco observador cada vez que nos cruzamos con un grupo de niñatos o zorritas biológicamente impúberes, para darnos cuenta de que los mocosos de hoy no tienen nada que envidiar a los diabólicos niños del clásico largometraje.


La conexión paranormal y telequinésica que permitía a los maléficos críos de la película actuar de forma armónica y ordenada no es muy distinta a las redes sociales virtuales de hoy en día, absurdas pero eficaces plataformas de comunicación que despersonalizan a los sujetos, destruyen su individualidad, minan la confianza en sí mismos y dirigen todos sus esfuerzos cibernéticos a potenciar su inclusión en grupos donde encuentren mayor seguridad.

Cuando el niñato de turno renuncia a su libertad y entrega al grupo la última gota de intimidad que le quedaba, nada puede impedir que pase a actuar como los demás miembros, demostrando una lealtad más perruna a su clan que la de los políticos respecto a su partido.
Pero lo más preocupante de todo no es otra cosa que la ausencia de empatía que han logrado desarrollar estos pequeños demonios, que se regocijan ante el dolor ajeno y dan rienda suelta a sus impulsos violentos sin ningún tipo de remordimiento.

¿Y qué hacemos nosotros? Apuntamos con el dedo a los políticos y les acusamos de haber configurado una legislación penal excesivamente permisiva con los jóvenes, exigiéndoles que adelanten la edad penal hasta los… ¿13 años? ¡JODER! ¿Estamos gilipollas? Vamos a ver, señores del Castillo, si un grupo de jóvenes desalmados ha abusado y asesinado a su hija, creo que tiene bastante más sentido ir a la raíz del problema, y preguntarnos qué es lo que ha fallado en la educación de esos cabrones (o en la de su propia hija, que nunca debió flirtear con gitanos conflictivos y drogadictos), antes de atribuirle la responsabilidad de lo ocurrido a la legislación penal. Cambiará la edad penal, los centros de menores duplicarán su ocupación, pero seguirá ocurriendo lo mismo de lo mismo.

Los padres permisivos, los timoratos profesores de instituto, y los políticos inútiles acomodados en su escaño deberían empezar a comprometerse con la educación de los jóvenes, y buscar soluciones DE VERDAD. Ya está bien de mirar para otro lado.