
Ignacio Uriarte, o Nacho para los amigos, era hasta el pasado viernes uno de los jóvenes con mayor proyección dentro del Partido Popular. Y no sólo por llevar más de 4 años al frente de Nuevas Generaciones (que al fin y al cabo, a algún tonto hay que poner en ese puesto) sino por haber obtenido un escaño como Diputado en las Cortes Españolas las pasadas elecciones, después de que Mariano Rajoy interviniera para incluirle en las listas de su partido.
Pues bien, este Parlamentario español, y miembro de la Comisión de Seguridad Vial, estrelló el vehículo que iba conduciendo la madrugada del viernes contra otro vehículo, que se encontraba detenido en un semáforo de la calle Serrano de Madrid. Al presentarse la policía municipal le practicaron un control de alcoholemia, y este pedazo de basura dio positivo con una tasa de alcohol del doble de lo permitido.
Este resabido y elocuente muchacho, famoso por sus incontables apariciones en los medios de comunicación, acaparaba la atención de las masas “sin despeinarse”, consciente de que su corta edad, lejos de ser un obstáculo, siempre jugaba a su favor. Simpático con todos, era un excelente relaciones públicas (lo que casi siempre equivale a decir un excelente imbécil). Nachete deleitaba así a las Amas de Casa menos espabiladas, que seguramente soñaban con casar a las putillas de sus hijas con un muchacho tan maduro, sensato y prometedor como él (“qué mal gusto tienen, ya podían salir con un chico como ese...”).
Ya desde sus comienzos en Las Nuevas Generaciones del PP, Nacho siempre cuidó celosamente su imagen. Rubicundo y con una barba medida que infunde algo de carácter a su orondo rostro, es difícil verle enfundado en alguna prenda que no sea un Nicki o un conjunto de camisa+jersey de pico, a excepción, claro está, de cuando se dedica a hacer el paripé en el Congreso de los Diputados, en cuyo caso se presenta engalanado como si del mismísimo Patrick Bateman se tratara.
Aunque Nacho Uriarte se ha esforzado siempre en transmitir una imagen de madurez precoz, confianza ciega en sí mismo, claridad de ideas… -todo esto aderezado con un puntito de buen rollo-, este payaso se ha reído de todos los españoles al pasarse por el forro las mismas leyes de tráfico en cuya creación interviene, desprestigiando aún más si cabe a la Cámara Baja, que seguramente recibe ese apelativo en referencia a la integridad moral de sus diputados.