
Tampoco le vendría mal un resfriado, así podría irse acostumbrando a lo que será la gonorrea, herpes, sífilis, ladillas y el VIH, si es que aún no es portadora.
Por lo menos permanece de pie en la parte trasera del vagón, y no como esas inmigrantes ecuatorianas que no dejan de darte codazos hasta que consiguen sentar sus gigantescas y araucanas posaderas en un asiento que podría estar ocupando una amable y sufrida pensionista, que no puede decir ni "mú" cuando sufre en sus carnes las consecuencias de la globalización.